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¿Sabes por qué mi sueño se llama Las manos de Lala?

Quizá a mucha gente esto de «Las manos de Lala» no le dice nada, sin embargo, para mí es todo. Es lo que ha guiado toda mi vida desde que tengo uso de razón.

Hay dos mujeres que han marcado el curso de mi vida. Dos mujeres que son el espejo en el que me miro. La meta de todo lo que me gustaría llegar a ser.

Son mi abuela y mi madre, y las dos son Lala.

Pero es que las manos de (mi) Lala siempre fueron especiales.

Eran manos dulces, hacendosas, curtidas por el trabajo, ágiles… Manos que curaron, cuidaron, cosieron, cocinaron, hicieron dulces, arreglaron, consolaron, acariciaron, hicieron música, pero sobre todo, amaron. Amaron sin medida.

Las manos de Lala limpiaron cientos de heridas, asistieron muchas veces en el nacimiento y a la hora de partir, y dieron cientos de miles de puntos de los que salieron cientos de obras de arte.

¿Sabéis? «Lala», en el pueblo del que procedo, un pueblo pequeño encaramado en una roca en la provincia de Jaén (si quieres, lo puedes conocer aquí), es el apodo que se da a las abuelas. «Lala» significa «abuelita». Es más que mamá. Es doblemente mamá.

Pero es que ser «Lala» no es ser cualquier abuela. «Lala» es mucho más que un apodo. Si ser abuela ya es un plus, ser «Lala» es jugar en otra liga. A ser «Lala» no se llega por casualidad. Convertirse en «Lala»es el producto de un infinito acto de amor.

Lala es ella:

 

Ella era Adriana Delgado Calero. Mi Lala.

Lala una mujer excepcional, genial, única. Era fuerte y dulce, era sincera, divertida, inteligente y maravillosa. Natural como pocas personas podrías echarte a la cara. Pero sobre todo tenía un corazón que no cabía en la casa de grande que era. Todos los niños la apreciaban, todas las vecinas la querían. Para todo el mundo empezaba una labor de ganchillo. Sus brazos y su puerta siempre estaban abiertas. Siempre había un sitio en su brasero para el que entrase en su casa.

Me parece verla sentada allí, con las faldas de la mesa sobre las piernas, siempre con su aguja de ganchillo en la mano y su ovillo de hilo.

O en una silla baja, junto a la reja, en las siestas del verano, mientras la brisa agitaba la parra. O en la puerda, con su silla, charlando con las vecinas, sí, pero siempre su labor en la mano. O haciendo su tortilla, era y es única…

Pero sus manos, las manos de Lala, siempre en marcha, siempre haciendo algo…

Es gracias a ella que yo soy lo que soy.

Desde el día que nací y no se separó de mí ni un solo segundo, me enseñó tantas cosas…

Mis abuelos fueron gente de campo. Humilde, honrada y, sobre todo, muy trabajadora. Su historia está llena de piedras y obstáculos, pero su amor, un amor de esos de película, fue capaz de crecer sin descanso, superando una guerra, la desaparición durante meses de uno de ellos, la muerte de un hijo, accidentes, enfermedades…

Aprendí de ellos que todo lo bueno se obtiene con trabajo y constancia. Con su ejemplo me enseñaron a amar las cosas pequeñas. Me mostraron el valor de la justicia y la equidad.

Comprendí que es posible tener ideas contrapuestas y, aun así, tender al mano al de enfrente.

Y me llevé una lección muy valiosa, que nunca me explicaron con palabras, pero que siempre flotó en el ambiente: que es posible educar de otra forma, que quizá lo que se ha hecho toda la vida puede cambiarse,  que la base de todo es el amor y el respeto.

Lo único que lamento es no haber tenido más tiempo para sentarme con ellos y hablar de lo divino y lo humano.

Daría muchas osas por sentarme con mi abuela, con Lala, mientras hacía ganchillo y hablar. Hablar sobre sus partos, sobre lactancia, sobre crianza… incluso sobre política. Sé que una sola conversación más con ella me haría tan rica que no habría dinero en el mundo entero para pagarla.

Es por esto que mi proyecto personal tenía que llamarse así: Las manos de Lala. Mi proyecto tenía que hablar de todo eso que contaban sus manos. Tenía que ser un homenaje a ella.

Las manos, mis manos, ¡sus manos! son fundamentales para que este sueño pueda tomar forma. Trabajo con ellas cuando signo, cuando diseño, cuando bordo… y deseo que mis manos sean una extensión de las suyas. Que transmitan y regalen parte del amor que las suyas destilaban. Que cuiden como ella cuidaba.

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Soy Nazaret León y estoy aquí para ayudar a muchos bebés a poder comunicar lo que necesitan. Si has llegado hasta aquí es porque tú también has deseado muchas veces tener una máquina para poder entender a tu bebé. Y la tienes: tus manos. La mejor forma de que me conozcas y compruebes cómo te puedo ayudar, es viendocómo trabajo, así que te invito a que te lleves un regalo para que puedas probar el BabySigning:

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