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50 cosas sobre mí que seguro que no sabías

¡Hola!

Una de las cosas que más me cuestan en esta vida es “desnudarme” ante otras personas. A pesar de que suelo ser bastante transparente, lo cierto es que me cuesta arrancar a contar cosas sobre mí.

Pero creo que te mereces saber quién soy, qué es lo que me gusta… creo que mereces que me “desnude” y te cuente.

¿Te apetece saber más sobre mí?

Creo que ya sabes que mi nombre es Nazaret.

Nací un 22 de Marzo de 1981 en Madrid, donde sigo viviendo. Al principio en el barrio de Carabanchel, luego en Leganés y desde hace algunos años, en un pequeño pueblecito del sur. Así que con mis 38 años me encuentro a punto de entrar en los 40, que dicen que son los nuevos 30.

Lo cierto es que cumplir años no me preocupa excesivamente. Estoy muy agradecida por haber llegado hasta aquí, y sólo deseo poder seguir cumpliéndolos y disfrutando de mi familia muchos más, aunque me salgan canas y arrugas. La edad que pone en mi DNI no es un problema, es un triunfo, y puede que dentro de un rato entiendas por qué.

¿Cómo es mi familia?

Tengo pareja, y resulta ser un marido y padre maravilloso. Aunque tiene algunos defectos (como yo… bueno, en realidad seguro que muchos menos que yo), lo importante es que cada día se levanta con el propósito de mejorar y hacernos un poquito más felices. Creo que eso es lo que me sigue enamorando de él cada día. Y juntos, criamos a dos fierecillas indomables, admirables y puras. Dos terremotos que han puesto nuestra vida del revés. Tan del revés, que yo, que era de los de buscar un trabajo indefinido, con horario cerrado, de los de “para toda la vida”, aquí estoy, lanzándome a la aventura del emprendimiento y saliendo de mi zona de confort para buscar nuevos caminos.

También nos dedicamos a criar (y un poco aguantar, porque vaya bichos nos han tocado…) a un gato pardo, común europeo, que se cree perro y sale corriendo a traerte una pelota si se la tiras, un podenco que está como una regadera y al que día sí y día también “amenazo” con devolver al lugar de donde lo saqué (aunque la fuerza se me va por la boca y sólo necesita venir y echar todo su peso contra mí -menudo pedrusco está hecho…- para que me deshaga en caricias con él y se me olvide todo lo anterior) y una dulce mestiza de caniche o de vaya usted a saber qué, que también la lía parda cuando menos te lo esperas, pero que nos ha terminado robando el corazón.

Y en nuestro recuerdo, siempre Jara, la podenca más fiel, dulce y maravillosa que haya podido nacer nunca. Se fue demasiado pronto, pero seguro que está en algún lugar moviendo su rabito cuando pensamos en ella.

Aunque no lo parezca, porque en Las manos de Lala predomina el frambuesa, mi color favorito, en realidad, es el rojo. Me encanta lo que transmite: la pasión, la alegría, la explosión, la intensidad, la impulsividad… así soy yo… no podía representarme otro color.

Soy la pequeña de 4 hermanos. Y cuando digo la pequeña… es bastante pequeña, porque llegué de rebote, así que me llevo con ellos bastantes años… Uno de ellos tuvo que emprender un camino que no tiene retorno, y se fue con 21 años, de repente, una tarde de febrero. Quizá por eso febrero es el mes que menos me gusta y las tardes de domingo no son mis favoritas. Pero creo que me acompaña a cada momento y por eso agradezco a Dios cada nuevo día que me regala y cada uno de los 11 años que pude pasar a su lado. Si algún día me pongo muy pesada en que lo más seguro para tus hijos es viajar a contramarcha, no me lo tengas en cuenta, es que me hubiera gustado que él aquella tarde hubiera podido viajar así.

Tengo muchas cosas de recordar de mi infancia, pero sin duda una de las más divertidas eran los apodos que teníamos. Como dos de mis hermanos eran mellizos, nuestros motes eran personajes de Barrio Sesamo. ¿Y a que no sabes cómo me llamaban? ¡Tricki, el monstruo de las galletas! ¿Te imaginas por qué?

Mis costumbres y aficiones

Me da un poco de vergüenza confesar esto, pero la verdad es que el deporte no es lo mío. Eso sí, me gusta la piscina cosa mala, pero aprendí a nadar muy tarde, y en realidad no soy buena nadadora. ¡A mí lo que me gusta es remojarme el culo!

Pero eso no significa que no tenga hobbies: mi abuela me trasmitió el gusto por lo bien hecho y desde que ella me enseñó a bordar a punto de cruz, es una de mis aficiones favoritas (y de las que menos puedo cultivar). Por eso mi logo está hecho con puntos de cruz.

También me apasiona leer, y la historia. Combinar ambas pasiones ya es… ¡la caña! Pero he sustituido la historia por la literatura infantil (¡menudo filón!) y por las lecturas fuera de los libros. ¡Emprender absorbe!

Pero si hay algo que de verdad me emocione, eso es CANTAR. Así, con mayúsculas.

Yo en realidad quería dedicarme a la música, pero las circunstancias me llevaron por otros derroteros. Lo compenso cantando en un coro rociero que es mi segunda familia y con quienes ya he grabado ¡4 discos!. No puedo estar más orgullosa (y además, a veces, compongo, como lo que escuchas en el vídeo del enlace).

Pero aunque cantar me fascina, no canto en la ducha. No es que no me guste, ¡es que no me sale! Donde sí que me encanta cantar es en el coche. Si te cruzas conmigo alguna vez en un atasco y me ves dándolo todo como si estuviera en la gala de los Grammy, no te asustes. Estoy loca, pero está todo controlado.

Mi aspecto

Sobre mi aspecto personal, hace muchos años que me tiño el pelo (y lo que peor llevo de cumplir años son las canas, que aunque no lo parezca, hace tiempo que las peino). De adolescente era más atrevida y llegué a los tonos naranjas (¡uhhh!, el colmo del atrevimiento, ¿eh?), pero después me cansé de ser rubia, porque sí, aunque no lo parezca, yo de niña era rubia, y desde entonces navego por los mares de los tonos castaños. Lo que no me gusta nada es maquillarme. A ver, me encanta verme maquillada, sí, pero me da taaaaaanta pereza hacerlo… Si hay en la sala alguna maquilladora solidaria que quiera venir a mi casa todos los días y hacer feliz a una mujer, no lo dudes, ¡llámame!. Eso sí, para vosotras, para mis clientas, intento aparecer maquillada siempre que puedo. No necesito mucho: marcar los ojos, un poco de colorete y siempre, siempre, el morro rojo. ¡Bien de rojo!.

Con las cremas me pasa lo mismo que con el maquillaje. Me da taaaanta pereza usarlas… que me las puedo comprar, pero probablemente terminen en la basura sin haberlas usado más de una vez. Así que ya no las compro.

Y la parte que más me gusta de mi cuerpo son mis ojos y mi boca.

Pero es que tampoco me apasiona llevar bolso. Sí, me encantan los bolsos, sobre todo los clutch (si es que me encanta la moda… no lo puedo evitar), pero llevarlo… mira, yo no sé qué hacer con él. Colgado, me hace daño, en bandolera, más. Y en la mano… ¿qué se hace con un bolso en la mano?

Las veces que lo uso, puedes encontrar en él… de todo. Cuanto más grande el bolso, más cosas. No es que me guste llevarlas, es que me olvido de sacarlas: puedes encontrar la cartera, la agenda, maquillaje (y eso que no me gusta maquillarme…), cepillo de dientes y del pelo, llaves hasta de las puertas del cielo, y papeles, miles de millones de papeles. Eso sí, ten por seguro que cuando necesite un cleenex… fijo que no habrá ninguno.

Mis gustos

Una de las cosas que me relajan es conducir. Aunque seguramente me verás despotricando y haciéndome cruces de las pirulas de otros. Pero me relaja. Te lo prometo. Y me oriento muy bien, no suelo tener problemas. Eso sí, con la maternidad tengo el foco en otro sitio y digamos que me despisto. Así que mi mejor amigo es Waze, que me trae y me lleva hasta el infinito y más allá.

Lo que más miedo me da en este mundo (y parte del extranjero) son las arañas. No las soporto, no puedo con ellas, por más pequeñas que sean, me dan un pánico atroz. Si ves alguna, por favor, ni me lo digas. Mátala antes de que la vea y me de un jamacuco. Te estaré eternamente agradecida.

Y si me preguntas por un lugar en el mundo, te diré dos: uno es Italia (sí, cualquier parte de Italia. Te diría la Toscana, pero es que descubrí Venecia y me perdí. Y me volví a perder en los lagos de Como, y no volví a recuperarme después de la Catedral de Siena…). El otro está aquí, no muy lejos, y es mi pueblo, Chiclana de Segura. Búscalo. O mejor aún, planifica una escapada y ve. Te aseguro que no te vas a arrepentir.

Salir de compras no me gusta tanto como gastar (qué le voy a hacer, soy una multimillonaria encerrada dentro de un cuerpo de… de un cuerpo escándalo). Y en ropa casi prefiero los pantalones. Aunque tampoco le digo que no a algunas faldas.

Y entre pijama y camisón, lo siento, pero me quedo con el pijama. Es que yo me tengo que dar la vuelta a gusto en la cama, y el camisón no me deja. Mira que mi madre hace camisones de ensueño (de hecho, colaboró en los inicios de Oh qué Luna y yo, que era una canija, tuve el privilegio de tocar el piano de su creadora, la Sra. San Miguel, o más bien de aporrearlo).

Y cuando digo de ensueño, es que son de caerte muerta. Desde aquí hago un llamamiento a que si quieres un camisón artesanal, te lo pienses, porque llevo décadas pensando que se merece venderlos.

Entre invierno y verano… pues según cuándo me preguntes. En invierno te diré que estoy hasta el moño del frío y en verano que me estoy cociendo viva. A mí lo que me gusta es la primavera… con sus flores, sus ferias, sus romerías… pero si tengo que elegir, llévame a la playa y déjame perderme en el murmullo de las olas al calorcito de los atardeceres de verano. Creo que de aquí ya puedes deducir que el mar me atrae irresistiblemente. Y aunque cuando voy a mi pueblo se me llenan los ojos con la montaña (la tenemos tan cerquita…), el mar es mi perdición.

¿Sabes? Hace poco tuve que hacer un ejercicio que consistía en meditar qué haría con mi tiempo si me quedasen 10 meses de vida. Y creo que sería lo mismo que quiero hacer cuando me jubile: tener una casa, con un jardín en el que perderme (y si tiene olivos, mejor que mejor), donde pueda jugar con mis hijos (bueno, cuando me jubile ya, con mis nietos, si es que ellos quieren tener hijos), con un buen libro, con mis perros, disfrutando de la naturaleza y de la calma. Y si puede ser, que esté en Chiclana de Segura, o quizá en Huelva, a orillas del océano. Pero quiero dedicarme a disfrutar y a cantar.

Mi primer empleo fue en un Vips (sí, la cadena de hostelería). Pero me duró sólo 10 días porque no había buen ambiente entre los compañeros y decidí dejarlo. Era más importante mi salud mental. Entonces hacía el turno de tarde y algunos días cerraba de madrugada. Ahora me levanto a las cinco y media para ir a la oficina de mi trabajo por cuenta ajena (y ojalá dentro de no demasiado tiempo pueda ser yo quien elija la hora a la que me levanto).

Tengo dos películas favoritas. Una es La princesa prometida (“soy Iñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir). Sí, soy una romántica empedernida (pero no se lo digas a nadie, no me gusta confesarlo). La otra es Lo que el viento se llevó. Siempre he querido ser una Scarlett O’Hara y tener esa fuerza y esa determinación. Bueno, luego están Brad Pitt y Leyendas de pasión, pero esa es otra historia…

La tecnología

Últimamente estoy quizá algo enganchada a las redes sociales, aunque también es cierto que aún me dan mucho respeto… no termino de acostumbrarme a estar siempre en ese escaparate. Pero por trabajo las tengo que utilizar mucho, así que poco a poco tengo que conocerlas y utilizarlas. Donde me encuentro más a gusto es en Facebook, aunque, bueno, estoy empezando a ver Instagram con otros ojos. Y soy muy de Whatsapp, pero por trabajo, la verdad es que estoy muy acostumbrada al correo electrónico, y a la vez me hace sentir libre y esclava (nadie dijo que estuviera muy cuerda).

Lo que menos me gusta es hablar por teléfono. Quizá porque llevo más de 11 años haciéndolo a diario. Me cuesta llamar por teléfono, lo reconozco y si puedo, tiro de Whatsapp para lo que sea. Puede que a quien más llame sea a mi madre, aunque desde luego, no es todo lo que debería (y eso que me encanta hablar con ella).

Odio cocinar, y además me gusta menos porque creo que no tengo talento para ello. Si me vas a pedir que cocine algo, por favor, dame una Thermomix, que sin ella no soy nadie. Pero comer me encanta (creo que salta a la vista en las fotos). Me gusta todo, el dulce y el salado. Aunque era adicta al chocolate, resulta que con los embarazos le he tomado un poco de tirria, pero no importa, sigue habiendo bollos para explotarlos. Pero mi plato favorito, sin duda, es la tortilla de patatas de mi Lala. Y es que no era una tortilla al uso, ya te lo digo.

Siempre me dijeron que soy buena escuchando, aunque si te soy sincera, creo que tengo mucho por trabajar en cuanto a la escucha activa. ¡Pero ya estoy manos a la obra!. Hablar en público no es que me de miedo, aunque sí respeto. Creo que todos tenemos ese miedo escénico de los 5 minutos antes de salir al escenario. Pero una vez que salgo, miro a mi público y me lanzo. Y ojalá no pierda nunca esas “ganas de hacer pis” justo antes de salir. Ese día será mejor que me jubile.

Creo que mi habilidad oculta es el punto de cruz. Lo sabe muy poca gente, la verdad, y para qué engañarnos, lo hago taaan poquito…

Mi cantante favorito es Miguel Bosé. Bueno, más que mi cantante favorito, siempre fue mi amor platónico. Te juro que con 3 añitos planeaba casarme con él. Pero vamos, ahora sería feliz sólo con hacer un dueto con él de 3 minutos. Tres minutos de nada y me puedo morir tranquila (Miguel, si por un casual alguna vez llegas a leerme… dame tiempo para que ensaye, que no me quiero quedar muda)

Los mejores conciertos de mi vida los viví en mi etapa universitaria. Era una fan empedernida de Iguana Tango, y nos reuníamos todos los amigos de la facultad para ir a verles.

¿Y qué más?

Sobre el peor día de mi vida no voy a contarte mucho más, porque creo que ya has intuido cuál fue, ¿no? y no quiero que me asalte la tristeza. Prefiero alegrarme y agradecer el tiempo que pasé con Blas.

Y ahora viene una de las cosas que más me cuesta confesar: no tengo una mejor amiga. En mi vida siempre he sido de muy poquitos amigos y con la mayor parte de ellos he perdido el contacto, desgraciadamente. Pero eso es otra historia.

No podría decirte cuál es mi libro favorito. En serio. No puedo elegir… no me pidas eso, por favor. Pero el cuento que más me gustaba de pequeña era La Bella durmiente. Y no por la trama, sino porque la protagonista era la princesa Aurora. Aurora como mi madre.

He empezado hace poco a descubrir el mundo del vídeo, aunque la verdad es que sigo prefiriendo leer artículos. Ver vídeos me exige estar delante de la pantalla sin hacer nada, y yo así, me duermo, así que prefiero leer.

Hasta que llegué a la universidad era una buena estudiante. O lo que la educación tradicional considera una buena estudiante. Vamos, que sacaba buenas notas. En letras. En todo lo relacionado con las ciencias iba muy pero que muy raspada. Llegué a la universidad…  y pinché. No es que no me gustase la Comunicación Audiovisual, pero la verdad. Me aburría soberanamente. Así que me pasaba las tardes (y las mañanas) en la radio de la facultad, que era lo que a mí me gustaba de verdad y en la carrera ni se tocaba.

Si hay algo en lo que se me puede llamar friki es en la moda flamenca. Me encanta, me fascina, me alucina, me seduce, me abduce…

Y el último regalo que he hecho, lo he hecho a una pareja de buenísimos amigos, a los que les he hecho un conjunto de collar de lactancia, chupetero y mordedor para su bebé recién nacido con todo el cariño del universo. Creo que ha sido uno de los regalos que más he disfrutado haciendo. Ese, y el curso de instructora de BabySigning que es un regalo que me hice a mí misma y a mi bebé el verano pasado y que me está trayendo tantas cosas buenas.

Te he contado ya 49 cosas que seguramente no sabías sobre mí (bueno, al menos, no todas) y sólo me queda una, así que voy a contarte el sueño que tengo todas las noches. ¿Sabes qué me gustaría estar haciendo de aquí a 5 años? Me gustaría ser quien elija mis horarios, tener tiempo para mi familia, poder permitirme disfrutar de la vida y todo eso, trabajando en mi emprendimiento, en lo que me gusta.

Ahora, ¿me cuentas qué te gustaría estar haciendo dentro de 5 años a ti?

 

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