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Los días torcidos. ¿Qué hacer cuando tu hijo tiene un mal día?

Los días torcidos. ¿Qué hacer cuando tu hijo tiene un mal día?

¿Sabes esos días en los que te levantas y parece que todo esté del revés? ¿Esos en los que piensas que quizá habría sido mejor no levantarse de la cama? Esos días son los días torcidos.

Tienes el día cruzado y cualquier cosa, por pequeña que parezca, vista desde fuera, se hace un mundo y es como una bomba a la que le han quitado la espita y está a punto de estallar.

Conoces de sobra esa sensación de que todo te vaya cayendo encima y tú cada vez estés más al borde del abismo. Es como si tu cabeza fuese una olla exprés silbando como loca y a punto de estallar. Yo también la conozco. Incluso, en esos momentos, resoplo y al hacerlo me sale una especie de silbido muy agudo. En ese momento, necesitas a alguien que retire la olla del fuego, en el momento exacto para evitar una tragedia.

Todos pasamos por esos momentos, tú y yo. Y, por supuesto, nuestros hijos también.

No hace falta que sean adolescentes, o que tengan problemas en el colegio.

Nuestros hijos pequeños, con sus problemas, que nosotros ya tenemos superados, también tienen días torcidos.

A veces sólo tiene que ocurrir que la camiseta que se quiere poner esté sucia, o que le hayas puesto leche para desayunar y prefiera fruta.

El verano, por ejemplo, es una época fantástica para los días torcidos. Parece que como no hay cole, ya no hay tantas obligaciones, todo se relaja… todo debería ser una balsa de aceite, ¿no?

Pues no. Que las rutinas se relajen significa que tu peque ya no sabe qué toca hacer en cada momento. Si los padres trabajamos, tendrá que seguir madrugando para ir a un campamento urbano, para quedarse con los abuelos… El cole se ha acabado, pero… eso no significa poder hacer todo lo que queremos… y por si todo esto fuera poco… el calor, que no ayuda nada. ¿Cómo no van a tener rabietas? ¡Si las tenemos los adultos!

¿Qué puedes hacer para ayudarle esos días?

Habrá días en los que nada pueda evitar que la olla termine estallando, por muy a tiempo que actúes. A veces no podemos remediar esos días torcidos. Y a veces es necesario que sea así, porque todas las emociones son válidas y hay momentos en los que hay que transitarlas.

Pero siempre puedes ayudar a tu hijo a que sea más sencillo hacerlo.

Uno de los recursos que mejor funcionan es tratar de adelantarte. En mi pueblo utilizamos un refrán para esto (en realidad tenemos refranes para casi todo):

Quién quita la piedra, quita el tropezón

Si ayer se puso su camiseta favorita y se lo pasó en grande jugando en el parque,  es posible que en cuanto la vea quiera ponérsela de nuevo. Si te anticipas y te aseguras de que no esté a su vista en el cubo de la ropa sucia, será más fácil evitar el conflicto. Puedes darle la opción de ponerse una camiseta del mismo color que su favorita u otra de un color diferente.

En el caso del desayuno, puedes anticiparte y prepararle un desayuno variado, con leche, fruta y pan con tomate. Así podrá elegir lo que le apetezca.

Aunque esto no te garantiza que el conflicto no surja. Igual prefiere la taza verde, o no le sirve sólo con que la camiseta que puede ponerse sea del mismo color que su favorita…

Sobre todo es importante explicarle. A veces pensamos que los bebés no pueden tener desbordes emocionales, que son muy pequeños y que no entienden… ¡claro que entienden! Y saben muy bien lo que quieren.

¡Claro que pueden! Y entonces, el día se complica para todos. ¿Cómo te sientes cuando te has adelantado a todo, cuando le has dado opciones, tenías todo preparado y no sólo no es lo que quiere… sino que no sabes qué es?

Enderezar la situación a veces depende de algo tan sencillo como tus manos. Utilizar tus manos para explicarle, para anticiparte. Uno de los mejores caminos es enseñarle a signar. Para que pueda decirte que quiere ponerse la camiseta roja o que quiere desayunar una zanahoria y un yogur.

Aunque a veces eso también falla. Porque no somos perfectas. Porque no siempre puedes controlar todas las variables. Porque también tenemos que permitirnos tener derecho a fallar y porque vivir todas las emociones es una oportunidad para aprender.

Como te decía antes, todas las emociones son válidas y es necesario transitarlas.

Pero entonces, en ese momento, cuando ya no puedes evitar que el desborde ocurra, puedes acompañarle. Puedes poner palabras y signos a sus sentimientos. Si te lo permite. Puedes preguntarle si necesita un abrazo, o un beso, o simplemente que estés cerca.

Y en esas veces en las que el cerebro no tiene capacidad para asumir el sonido de las palabras, puede que te baste con sentarte a su lado e intentar aprovechar una mirada suya para signarle un te quiero, para hacerle saber que estás ahí.

Quizá no logres reconducir el camino ese día, pero conseguirás ser la persona que tu hijo tiene cerca para aferrarse. Y eso lo recordará toda su vida.

¿Te gustaría aprender a signar y poder acompañar a tu hijo en sus días torcidos?

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Soy Nazaret León y estoy aquí para ayudar a muchos bebés a poder comunicar lo que necesitan. Si has llegado hasta aquí es porque tú también has deseado muchas veces tener una máquina para poder entender a tu bebé. Y la tienes: tus manos. La mejor forma de que me conozcas y compruebes cómo te puedo ayudar, es viendocómo trabajo, así que te invito a que te lleves un regalo para que puedas probar el BabySigning:

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